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viernes, 26 de junio de 2015

Fragmentos de Molloy, de Samuel Beckett

Revisando mi libreta de anotaciones encontré unos breves fragmentos que copié de Molloy, de S. Beckett. El año pasado tuve la fortuna de leer ese libro y también Malone muere; me queda pendiente El innombrable. A continuación transcribo algunos de esos fragmentos.

Sé lo que saben las palabras y las cosas muertas, y todo ello forma una pequeña y bonita suma, con un comienzo, una mitad y un final, como en las frases bien construidas y en la larga sonata de los cadáveres.

Voy a advertiros de una cosa: cuando las asistentes sociales os ofrecen graciosamente una basofia como para ni mirarla, lo cual en ellas constituye una obsesión, es inútil mostrarse recalcitrante. Os perseguirán hasta los confines de la Tierra blandiendo su vomitivo. Las del Ejército de Salvación no están mucho mejor. No, realmente no conozco defensa alguna contra el gesto caritativo. Hay que inclinar la cabeza, tendiendo las manos confusas y temblorosas, y decir gracias, señora; muchas gracias, buena señora. El que no tiene nada no tiene derecho a despreciar la mierda.

Quizá tenía miedo de que saliera corriendo en su persecución. Efectivamente, hay algo inquietante en mi forma de correr, con la cabeza echada hacia atrás, los dientes apretados, los codos doblados al máximo y las rodillas casi pegadas al rostro. Y a esa forma de correr debo el haber dado alcance a menudo a personas más ágiles que yo. Prefieren detenerse y esperarme a prolongar a sus espaldas tan pavoroso espectáculo.

Pero había momentos en que me parecía que ya no estaba muy lejos, que me acercaba como la playa se acerca a la ola que se infla y blanquea, aunque debo decir que esta imagen resulta poco apropiada para mi situación, más cercana a la de la mierda que espera ser barrida por el agua de la manguera.

domingo, 2 de febrero de 2014

Primeras líneas de la novela "Molloy", de Samuel Beckett

Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles, tanto dinero. Sí, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez.

domingo, 11 de abril de 2010

Plegaria de encargo, de Pier Paolo Pasolini

Te escribe un hijo que cursa
la milésima clase de la Primaria.
Querido Dios,
vino un tal Señor Homais a vernos
diciendo ser Tú:
le creímos:
pero entre nosotros había un infeliz
que no hacía más que masturbarse
de noche y de día, exhibiéndose
ante muchachos y niños; pues bien...
El Señor Homais, querido Dios, se te parecía punto por punto:
llevaba un hermoso traje de lana oscura, con chaleco,
con camisa de seda y una corbata azul;
venía de Lyon o de Colonia, no lo recuerdo bien.
Y nos hablaba siempre del mañana.
Pero con nosotros estaba aquel tonto que decía que, por el contrario,

te llamabas Axel...
Todo esto en el Tiempo de los Tiempos.
Querido Dios,
líbranos del pensamiento del mañana.

Del mañana Tú nos hablaste por boca del Señor Homais.
Pero ahora nosotros queremos vivir como el tonto degenerado
que seguía a su Axel
que también era el Diablo: era demasiado bello para ser solamente Tú.
Vivía de rentas pero no era previsor.
Era pobre pero no era ahorrador.

Era puro como un ángel pero no era un niño bien.
Era infeliz y explotado pero no tenía esperanza.
Querido Dios,
la idea del poder no existiría sin la idea del mañana;
y no sólo, sin el mañana la conciencia no tendría justificaciones.
Querido Dios,
haznos vivir como
las aves del cielo y los lirios del campo.

(Poema extraído de Transhumanar y organizar, de Pier Paolo Pasolini, traducido por Ángel Sánchez-Gijón y publicado en 1981 por Visor de Poesía.)

lunes, 3 de noviembre de 2008

La sabiduría de las brujas

El tabaco
es una sustancia sagrada
para algunos,
y aun cuando tú has
dejado de fumar,
muestra un poco de respeto.

Me he tomado el atrevimiento de transcribir estos versos de un poema de John Giorno, incluido en La sabiduría de las brujas (DVD, 2008). El poeta se presentó el 31 de octubre en la librería Arrebato y nos regaló una noche de verdadera magia.
Afuera, algunos jugaban a Halloween. Otros, más muertos que vivos, se agolpaban sin prisa en los andenes de la estación de Chamberí.

ER

martes, 26 de agosto de 2008

Fragmento de Apocalipsis, de D. H. Lawrence


"...Mientras no comprendamos un poco el modo de funcionamiento de la mente de los antiguos no seremos capaces de apreciar la magia del mundo en el que vivían. Pensemos en el enigma de la esfinge: ¿Qué es lo que camina a cuatro patas por la mañana, a dos a mediodía y a tres por la noche? La respuesta era “un hombre”. Desde nuestro punto de vista, el enigma planteado por la esfinge es ridículo. Pero para el hombre acrítico de la antigüedad que sentía aquellas imágenes, éstas darían lugar a una complicada amalgama de emociones y temores. La cosa que anda a cuatro patas es un animal, con todas sus diferencias y fuerza salvajes, con su conocimiento de los parajes en los que vive y en los que se encuentra inmersa la aislada conciencia del hombre. Y cuando, gracias a dicha respuesta, nos damos cuenta de que un niño también camina a cuatro patas, inmediatamente surge otra serie de emociones, a medio camino entre el miedo y la risa, por cuanto el hombre se reconoce a sí mismo como un animal, al menos durante la infancia, que camina a cuatro patas, con la cara hacia el suelo, mientras la tripa o el ombligo apuntan al centro de la tierra, como hacen todos los animales, en lugar de mostrar el ombligo al sol, como hace todo hombre según esa concepción primitiva. La segunda parte del enigma, la referida al ser de dos patas, avivaba imágenes mezcladas de hombres, monos, pájaros y ranas, y la sorprendente percepción de esas cuatro clases de criaturas se producía en un acto instantáneo de la imaginación, algo que para nosotros resulta muy difícil de conseguir, pero que sí hacen los niños. La tercera parte del enigma, la referida al ser de tres patas, suscitaría asombro, un profundo terror y ganas de ir a buscar en los vastos parajes, más allá de los desiertos y el mar, algún animal salvaje todavía desconocido.
Parece evidente la enorme reacción emocional que provocaba aquel enigma. Incluso reyes y héroes, como Héctor y Menelao, reaccionarían de esa manera, tal como ahora hace un niño, pero con una fuerza y un coraje mil veces mayor. Los hombres que así actuaban no eran necios. Mucho más lo es el hombre actual, por haber renunciado a esas reacciones emotivas e imaginativas y no sentir nada. Tedio e insensibilidad es el precio que pagamos por ello. Nuestros romos procesos mentales ya no representan para nosotros nada que tenga que ver con la vida. A pesar de que el enigma de la esfinge acerca del hombre es más terrorífico ahora de lo que podía serlo con anterioridad a Edipo, e incluso mucho antes. Porque ahora se trata de un enigma que tiene que ver con el hombre como muerto viviente, cosa que nunca antes había pasado..."

domingo, 3 de agosto de 2008

de Felisberto

"...con respecto a la ilusión, no sé bien hasta qué punto es, y cómo ésta se siente y se comprende; con respecto a comprender, no sé bien qué sentido tiene comprender; con respecto a sentido, no sé bien qué es sentido; con respecto a saber, no sé qué es saber; y muy especialmente no sé, ni tengo el sentido, ni comprendo, ni tengo la ilusión, de lo que quiero; y así sucesivamente; sin saber bien, tampoco, lo que es ignorar, tal vez aspire a ignorar artísticamente o graciosamente; tengo terror a ignorar con seguridades, quiero ignorar sin seguridades, y lo que más me asusta es ignorar con una sola seguridad; tal vez si algún día me suicido me suicidaré con una seguridad-síntesis, y la peor manera de morir la considero ésta: atended bien: que sea otro el que me mate con una seguridad-síntesis..."

Tomado de Filosofía de Gángster, de Felisberto Hernández.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Gabriel Ferrater (1922-1972)


Los otros días me referí a Felisberto Fernández y luego pensé ¿qué otro escritor fue fundamental para mí en estos últimos cinco años? Me acordé enseguida de Gabriel Ferrater, un poeta catalán con el que no hubiera dado sin los buenos oficios de mi amigo Andreu: en 2002, él me regaló un ejemplar de Las mujeres y los días (Editorial Lumen, Barcelona), el libro que reúne la obra poética completa –escrita y originalmente publicada entre 1958 y 1968– de este multifacético y maravilloso hombre libre, en su reciente, tardía y bellamente cuidada primera edición en castellano.
Él es mi poeta favorito. Su voz, absolutamente despojada de estridencias y ornamentaciones, es única. Su inteligencia, un camino sin fin, un camino de luz.

ER

domingo, 2 de diciembre de 2007

Felisberto Hernández (1902-1964)


Me prestaron Nadie encendía las lámparas (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1947) de este extraordinario escritor uruguayo. Hasta hace dos semanas, desconocía absolutamente todo de él, de lo contrario diría que su influencia fue decisiva en todo lo que intenté llevar adelante. Fui a una librería y me enteré de que sus obras completas estaban publicadas por Siglo XXI en tres tomos. Ya me compré el tercero, con el que pienso iniciar la cuenta regresiva.

ER