martes, 26 de mayo de 2020

Una reseña de Paraíso (La Plata, Malisia, 2018), por Camila Pastorini Vaisman para BazarAmericano

 
Volver al paraíso terrenal
 
Esta es una historia verdadera, pero no recuerdo ningún detalle que la pueda hacer verosímil”. Así termina “Buenos muchachos”, uno de los textos en prosa de Paraíso, de Eduardo Rezzano. La historia referida es, de hecho, de las más verosímiles del libro: un grupo de amigos con nombres propios incluidos boicotean la presentación de una nueva editorial y son echados por los mozos. El narrador, partícipe de los hechos, termina con un dedo luxado y cada vez menos capaz de preparar el repertorio para un concierto. Lo que ocurre es que esta historia, descabellada pero verosímil para nosotrxs, rompe totalmente con el verosímil de Paraíso. Paraíso construye el verosímil, en cambio, de una película de terror. O de un cuento de Julio Cortázar.
Dentro del verosímil de terror podríamos pensar algunos tópicos: gente muerta, objetos asesinos, animales desarrollando actividades no terroríficas pero inquietantes. Dentro del tópico de la gente muerta, por ejemplo, entrarían los siguientes textos: “Animales mitológicos”, en el que no sabemos a quién le hablan los gritos del fondo porque “en la casa del fondo no vivía nadie –estaban todos muertos”; el breve poema “El viento”, “todo el tiempo escucho / palmeras que se agitan / ¿Dónde me enterraron? / No me acuerdo dónde / me morí hace tanto tiempo”; “Un sueño”, en el que el narrador sueña la muerte de un amigo y se entera por un sueño; “Patio”, poema en el que el yo lírico se refiere al patio del jardín de su casa y dice: “Un día va a tocarme / los pies / tan enterrado estoy / y del susto se le pondrán / blancas las hojas / helada la savia”.
Los otros dos posibles tópicos mencionados, “objetos asesinos” y “animales desarrollando actividades no terroríficas pero inquietantes” incluyen un portero fulminante, un espantapájaros al ataque, una cucaracha que aprende a deletrear nombres y una gata llamada Paula Rostova que cuenta historias en ruso. Estos bocetados verosímiles se construyen a partir de una relativa naturalización de los elementos terroríficos, que no parecen provocar miedo en el yo lírico ni en los otros personajes que aparecen en el libro, ni parecen ser invocados con el fin de generar temor tampoco. De algún modo, el potencial de miedo de esas pequeñas historias parece neutralizado por esa propia naturalización. Vemos una aparente disociación entre materia y tratamiento: en ocasiones, tanto los temas propios del terror como los que podríamos llamar banalmente “temas profundos” (la muerte, el tiempo, el lenguaje) son tratados con liviandad, o con una solemnidad un poco corrida de eje. En “Patio”, es el árbol el que se asusta al tocar el cuerpo enterrado, y en “Gruyère” el paso del tiempo durante un día no puede medirse porque el día “está agujereado / como un queso gruyère”.
Este ida y vuelta del terror a la cotidianeidad da el tono a Paraíso, que es un libro oscuro pero ágil a la vez, y por momentos casi risueño. En el poema “Vecinos”, los vecinos “se han tomado la costumbre / de saltar el tapial” y cuchichear en el patio del yo lírico, despertándolo cada mañana. Cuando éste descarta la posibilidad de echarlos a escobazos y sale a convidarlos con mate, ya no están; “una vez me faltó un malvón / otra la regadera de lata / aquella que pretendían mis primos / cuando murió el abuelo Ismael”. No hay nada fuera de regla con esos vecinos, aunque en la descripción de su conducta parecen un poco animalescos. Sin embargo su aparición es decididamente inquietante, tanto para quienes leemos el poema como para quien lo enuncia. Paraíso, yendo y viniendo, circula en esa inquietud de principio a fin.
Una vez dicho todo lo anterior, se hace necesario recordar el título del libro. De contenido significativamente distinto de lo que usualmente asociaríamos al paraíso, Paraíso ofrece sin embargo algunas definiciones propias. En “En invierno” leemos: “Pero seré bueno con los perros, los bichos, los pájaros; los dejaré cagar adentro y harán de mi hogar un paraíso”. Y leemos también, pocas páginas después, en la introducción al primer apéndice, Lixo (en portugués, basura): “La construcción de un paraíso genera basura”. Rezzano vuelve al paraíso terrenal, en todo sentido: regresa al paraíso terrenal y a la vez lo convierte en terrenal. Y en esa fórmula, que podemos pensar paradójica, los términos se cancelan; nada terrenal podrá ser paraíso, y entonces el paraíso será una casa cagada por animales, el día un queso gruyère y la muerte un recurso poético

Una reseña de Alcohol para después de quemar (Barcelona, Kriller71, 2016), por Joaquín Correa para Solo Tempestad

En su lúcido “Prólogo”, Rosario Bléfari se refiere al universo que se despliega en los poemas de Alcohol para después de quemar, de Eduardo Rezzano, como “inquietudes desconocidas” donde se montan “certeros soliloquios” o “miniaturas pobladas de resonancias metafóricas” vaciadas de la advertencia final de la fábula y compara su lectura al vértigo de una montaña rusa animada por “movimientos – musicales – de una ilusión controlada”. El tiempo alterado de los poemas de Rezzano está habitado por un conjunto de voces y cuerpos de los cuales el poeta se apodera para hacerlos hablar y moverse dentro de un montaje escénico. Lo que produce el terror no son esos montajes animados de feria macabra sino lo real que se agazapa detrás de ellos.
Una vez que entramos al texto en sí, luego del anticipo ineludible de Rosario y antes de la división en tres apartados de los poemas (“El tiempo y los animales”, “Miniaturas”, “Póstumos”), encontramos, en la edición que kriller71 dio a conocer en septiembre de 2016, la dedicatoria del texto: “Para Carolina y con ella” que, más allá de ser un mero topos literario se configura como indicación de la autoría conjunta del libro: a esa misma Carolina pertenecen tanto la fotografía de portada del libro cuanto las varias otras que se distribuyen a lo largo del texto. Podemos decir, entonces, que estamos frente a un libro hecho a cuatro manos, poemas y fotografías montados, como dijera la propia Rosario Bléfari, para hacer funcionar esa ilusión controlada. Las cuatro fotografías dan a ver menos de lo que ocultan o esquivan a la mirada. No son puramente referenciales, más bien componen escenas equívocas del mismo modo que paradojal es el terreno donde se mueve la escritura de los poemas.
La escritura de los poemas de Rezzano oscila entre los poemas en prosa, los poemas en verso libre y aquellos otros que se sitúan a camino entre esas dos formas. Breves, la mayor parte de las veces, siembran la confusión y anticipan el caos del final o del mismísimo presente. Resulta complicado decir si el tiempo de estas escenas es el prefacio o el epílogo de la post-historia. “Parece el fin del mundo, pero es el comienzo, que no acaba; el presente, que lo invade todo”, cierra el primero de los poemas del libro, sin título, donde quizás se escuche la “radio del fin del tiempo, al menos por ahora”, de “Brindis”, cuyo locutor emite desde el más allá, dado que fue muerto en un bombardeo, casi ciego por la absenta, y sus emisiones habían sido grabadas. Por veces descripciones del mundo alrededor, por veces acercándose al registro del yo, el poema muta y se transforma en cada una de sus apariciones, alimentándose en ocasiones “desde los remolinos que arma una memoria con la resaca de lecturas y películas vistas”, como afirmara Rosario Bléfari, y en otras de un surrealismo distópico inédito. No hay, por lo tanto, ninguna certeza que establezca el origen subjetivo de la voz que enuncia y dice ni tampoco el establecimiento cronotópico de su localización. Pareciera ser el desastre, aunque sea imposible terminar de afirmarlo.
En “Miniaturas”, el foco se corre y centra en otros lugares y tiempos, y las escenas que antes aparecían con cierto ritmo ahora se multiplican y diversifican. No hay un único protagonismo en el correr de las hojas y la propia voz poética se desdobla en tiempos pretéritos y futuros, como si en ella descansara toda la potencialidad que una vida posee en muchos de los mundos posibles. En “Macrobiótica”, se lee: “Si en verdad somos lo que comemos, el canibalismo nos hará humanos”. Allí, en ese límite de lo que se puede decir, podemos pensar, se juega la poética de Rezzano, porque atizando los alcances del lenguaje desde los mil y un frentes con que ataca lo real consigue formular lo inimaginable. La indagación que los montajes poéticos producen acaso confundan sino amplíen nuestra percepción de las cosas. Y así como hay un alcohol no para antes de quemar sino para después, hay poemas póstumos aun transitando por la vida, “árboles / que esperan a morir / para empezar a hablarnos” (“Verdades a medias”) y una poesía que no nos tiene piedad y nos deja desamparados y perdidos en un tiempo final que es este.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Algunos poemas de Paraíso (La Plata, Malisia, 2018)

























Paula

Una gata llamada Paula Rostova nos visita dos veces al día: a la mañana bien temprano y al anochecer; prefiere no encontrarse con los albañiles, piezas clave de una construcción cuyo comienzo no recordamos. El invierno pasado nos entretuvo con historias de la Guerra Fría y ahora empezó a leernos los cuentos de Chéjov, su favorito; no habla castellano, pero su ruso es claro como la nieve que cubre los abetos.
Nunca quiso quedarse a dormir; es más, creemos que no duerme. Un día nos tocará a nosotros cuidarla a ella, como se cuida a un hijo, como se cuida a una madre.

Una carta

Dejaron una carta sin remitente de alguien que me ofrece beneficios; está escrita en una lengua muerta que se hace entender por señas. Adentro me espera el desayuno, pero demoro mi regreso pensando en las plantas que crecen en el pasillo, nacidas en las junturas del piso y las paredes. También ellas me hablan en una lengua muerta, pero antigua y sagrada.

Una habitación

A veces se anexiona una habitación. Está vacía y las cortinas se mueven con el viento, aunque no haya viento. Tiene una ventana que da a un patio que no es el de mi casa, del que sólo entran silencio y luz; pensé en explorarlo, pero nunca me animé a salir por miedo a perderme en un mundo del que fuera imposible regresar.
Pronto la acepté y la transformé en mi sala de lectura, y la extraño cuando desaparece por semanas. Algunos podrán decir que es la habitación de los espectros, pero ella misma es uno, blanco y sin ojos.

In fraganti

Un espantapájaros bandido me sorprendía y me atacaba cada noche. Por fin ayer dejé un muñeco de señuelo en la cama y lo atrapé in fraganti; nunca había visto nada tan impresionante: frotaba las manos hasta sacarse chispas y ponía los ojos rojos como si fuera un diablo o un conejo. Lo primero que le pregunté fue: “¿Qué te hicieron a vos los pájaros?”.

lunes, 12 de febrero de 2018

Notturna


























Edizioni Fili d'Aquilone acaba de publicar una tradución al italiano de mi poemario Nocturna. El libro, bilingüe, fue traducido por Alessio Brandolini y prologado por Susana Szwarc, y recibió el subsidio del Programa Sur de apoyo a las traducciones del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina.
Tres poemas traducidos:



Della luna vuota

Sentiamo parlare
dell’uomo della luna piena

l’uomo della valle
della luna piena

l’uomo stanco dal cappotto
di cuoio di lupo consumato

Mai più sentimmo parlare
dell’uomo della luna vuota

col suo soprabito di lana
i piedi nudi
sui gusci di arachide



Dire di no

I vicini m’invitavano
a giocare a scacchi
e non potevo dire di no
perché lo facevano
puntandomi una pistola

Avevano l’abitudine di seccarmi
durante la stagione piovosa
quando per rispondere al campanello
dovevo percorrere
il lungo corridoio senza soffitto
sotto l’acqua o la grandine

Troppo tardi mi stancai e dissi basta
troppo tardi per me ch’ero impazzito
troppo tardi per loro che mi avevano dimenticato

mi avevano abbandonato
alla solitudine della notte senza tempo
notte discesa sugli alberi azzurri


Il fiume della vita

Oggi il fiume della vita
trascina pesci morti
e rifiuti

La luna riceve
un pallido riflesso

di quello che prima
fu diamante e argento

Cerchiamo la vita
fuori dalla vita
il fiume
fuori dal suo letto


ER

jueves, 26 de enero de 2017

Lectura en la librería Cien Fuegos (París)

El viernes 27 de enero a las 19 h leeré poesía con Alejandro Méndez, Su Xiaoxiao y Emmanuel Merle. Será en la librería Cien Fuegos (4, rue de la Forge Royale, París).


viernes, 11 de noviembre de 2016

Fotos de la presentación de Alcohol para después de quemar. Barcelona, 27 de octubre de 2016.

El 27 de octubre presenté Alcohol para después de quemar en la librería Calders, en Barcelona. Me acompañaron Andreu Jaume, quien realizó un profundo análisis del libro, y Aníbal Cristobo, el editor. Estoy muy contento de haber publicado por Kriller71, una editorial con un catálogo del que es un honor formar parte.
Las fotos fueron tomadas por Carolina Soler.







jueves, 13 de octubre de 2016

Prólogo de Rosario Bléfari a la edición española de “Alcohol para después de quemar”

























La fábula se encarna en la poesía de Rezzano con el tono y el ritmo que le permiten montar inquietudes desconocidas, como quien monta escenografías, para entonar certeros soliloquios en medio de ellas. Pero estas miniaturas pobladas de resonancias metafóricas están vaciadas de la advertencia organizada de la fábula. La lección, en todo caso, sobreviene en el borde último del poema, y a veces al segundo después de haberlo terminado de leer, cuando descubrimos que, como si hubiésemos subido a una montaña rusa —resonancia de aquella que hacía sangrar por boca y nariz en los anti-poemas del poeta chileno Nicanor Parra—, la voz incierta ha jugado con nuestra propensión a la gravedad: se trataba de una especie de broma donde la crueldad o la ternura no son una propuesta, sólo animan movimientos —musicales— de una ilusión controlada.
El tiempo alterado, que por medio de elipsis, aceleraciones, cortes y pausas implementa pasados perdidos, futuros dudosos y la perturbadora invasión del presente, enseguida es identificado, pero ¿quiénes son los seres que hablan apoderándose de la primera persona que usa el poeta?, ¿desde dónde nos hablan? Puede que sea desde los remolinos que arma una memoria con la resaca de lecturas y películas vistas, desde los juegos y acertijos del otro que es el mismo, desde las mismísimas transformaciones frente al espejo, o desde la confusión que se instala por los desdoblamientos y reuniones de un coro extraño que nos resuena como si estuviera sonando en alguna entraña propia o cercana.
De todas maneras, cuando leí por primera vez los poemas de Rezzano sentí mucha curiosidad por el operador que hacía hablar a esas voces. ¿Qué clase de persona escribiría esto y por qué? Incluso sonreí: ¿escribe alguien estos poemas? El tono determinante que va avanzando con algo de amenaza sobre el lector parece provenir siempre de un lugar múltiple e indirecto pero a la vez conforma una entidad única. Sólo después de conocer a Rezzano personalmente y que me confesara el secreto que hoy develo, supe que el uso de la primera persona supone la elección de una puesta. Montar la escena es un acto de transformación gracias a esa primera persona que es ojo y máquina desde algún sitio desplazado. El poeta opera como usurpador del cuerpo de otro —hay cuerpos, no son sólo voces— para instalar en ese recipiente vacío una cámara, en el cuerpo de ese otro que también es un montaje escénico —cuerpos como locaciones, escenas como robots habitables—. Y en ese transporte vamos.
¿En qué, cómo, dónde conseguir que se deje estar, en definitiva que se entregue —o al menos se quede un rato quieto, atraído, demorado— un escéptico, un gracioso, un rebelde de solemnidades, un necesitado de acción renegado de la paz que huye del equilibrio final, un espíritu adolescente? En el terror tal vez, más precisamente en el montaje del terror, en la risa que provoca ese montaje —la escena del descuartizamiento que el propio ilusionista prepara, ejecuta y después desarma y desmiente—. No pasó nada (pero podría haber pasado).
En estos aparatos de producir vértigo, en los que por momentos los poemas de Rezzano se transforman y se deforman, y en la voz enmascarada, pueden detectarse semejanzas con las construcciones de Henri Michaux de sus poemas en prosa. Las escenas no son contemplaciones, no son situaciones diarias que revelan un camino, ni son descripciones de estados de ánimo que fluctúan. Rebelde de la poesía siendo poeta consigue con el montaje de paranoias arrastrar al lector por pasillos que hasta podrían ser aterradores, para desembocar muchas veces en un afuera desde donde se mira lo anterior y se entiende que “no era”. Pero no se termina ahí, ese vacío propina un nuevo susto: el de lo real. La inminencia de algo peor no se suspende. Da lo mismo concluir que el universo sigue expandiéndose como considerarlo inconmovible. Los cuerpos siempre estarán ocupados. Los muertos continuarán hablando, viéndose a sí mismos con la mirada póstuma. Lo que parece otra cosa no es más que el presente o lo real.
La ilusión como paranoia vuelve extraño algo cotidiano o directamente incorpora lo sobrenatural a la realidad y deja —como corresponde— una duda postrera: que en las ruinas de aquella ilusión, cuando ya fue desmontada, habiten las visiones que se habían invocado. Y sí: en ese tiempo largo, superior, los humanos y todo lo que vive en nosotros y con nosotros es sólo una aparición que dura una bocanada de aire, una inspiración o un desaliento. Para qué fingir que no lo sabemos. Sólo resta plegar y desplegar los instantes, como si ese acordeón nos hiciera durar un rato más o abarcar, en el recorrido de otro eje, un poco más de espacio-tiempo. Pienso en el caño que baja y sube con el caballo de la calesita simulando el galope eterno y pienso también en algo que me contó una amiga actriz. En la filmación de una película de terror le tocó protagonizar una escena donde era decapitada. Para tal efecto tuvieron que construir en látex una reproducción exacta de su cabeza con sus facciones y su cabello. “Quedate quietita y relajada” le pidieron mientras se secaba el material. Ocurrieron dos cosas: mientras esperaba para filmar, horas más tarde, vio su cabeza por ahí, ya terminada, y por una milésima de segundo no supo dónde estaba, si ahí o en ella misma. La otra cosa fue que cuando la decapitaron la expresión de su rostro, lejos de mostrar la alteración correspondiente, era la del más dulce y pacífico equilibrio. Murió violentamente, pero en paz.

Rosario Bléfari

lunes, 22 de agosto de 2016

Presentaciones de Nocturna (Zindo & gafuri, 2016)

Con Diego Vdovichenko en Gorlami Bar. Buenos Aires, 11 de junio de 2016

Con Miguel Dalmaroni en Octavia V. La Plata, 19 de junio de 2016


¡Gracias a Carolina Soler por las fotos!
 

viernes, 10 de junio de 2016

Presentación en Buenos Aires de “Nocturna”







































El sábado 11 de junio a las 20 h se presentará en el bar Gorlami (Balcarce 971, Buenos Aires) mi nuevo libro, Nocturna. Sobre él hablará Diego Vdovichenko. También se presentarán los libros Impar, de Agustina Iacoponi, y Labios púrpura, de Diego Martín Rodríguez; todos editados por Zindo & Gafuri.

Poemas de “Nocturna”, mi nuevo libro (Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2016)

























Nocturna

Una cucaracha
me tocó el brazo
y mi gesto lo dijo todo

Me preguntó ¿tanto asco
te doy? y me ofreció
la mitad de su chicle

Acaricié su dorso
que no emitía música
y pensé

si fueras un grillo
¿sobre qué estaríamos
conversando?


Sea food

De espaldas sobre la noche
sentí que un tiburón se me acercaba
desde la profundidad de un mar
oscuro y cristalino

A punto de morderme eligió
la voluptuosidad de mi mano
y puso el hocico sobre
el hueco de mi palma

Mi cuerpo inerme
lo acompañaría en su descenso
suave y silencioso
tiburón enamorado

Mi cuerpo blanco
demasiado blanco
mis ojos olvidados
del último terror


Vasos comunicantes

En un bolsillo una llave
en el otro una puerta
mal cerrada que deja
entrever el puente
de un buque ballenero

El buque vuelve a casa
los marineros duermen
y la puerta rechina

Tengo que decirlo
—interrumpe María
de este lado del mundo—
algo huele a cachalote
en tu entrepierna

Se lo dice y se le aprieta
contra el pecho
frágil y agitada coraza
para escuchar el ruido
de las refinerías


Kindertotenlieder

Los niños muertos reciben
con emoción contenida
las canciones que Malher
les dedicara

—con emoción contenida
en un vaso que nadie sostiene
y se estrella

a) estalla
b) rebota contra la alfombra y derrama
susurros y respiraciones

La habitación está vacía
pero se escuchan voces y alguien
apaga la luz

porque el pánico
se huele mejor a oscuras
en la noche fría
de cristales y alfileres


Niña del viento

Cuando murió Amparo
mi primera mujer

mi hija me dijo
yo soy la hija
del desamparo

la que perdió el nombre
en boca del viento

la falda en manos
de la noche blanca

noche de luna
y sin estrellas


ER

domingo, 17 de abril de 2016

Fragmento de “Un cuerpo glorioso”, de Giorgio Agamben

Entre 1924 y 1926, el filósofo Sohn-Rethel vivió en Nápoles. Al observar la actitud de los pescadores que luchaban con sus barquitos y la de los automovilistas que intentaban hacer arrancar sus viejísimos autos, formuló una teoría de la técnica que definía graciosamente como “filosofía de lo roto” (Philosophie des Kaputten). Según Sohn-Rethel, para un napolitano las cosas empiezan a funcionar sólo cuando son inutilizables. Esto quiere decir que el napolitano en realidad empieza a usar los objetos sólo desde el momento en que dejan de funcionar; las cosas intactas, que funcionan bien por su cuenta, lo irritan y le causan odio. Y sin embargo, clavándoles un trozo de madera en el punto justo o dándoles un golpe en el momento oportuno, logra hacer funcionar los dispositivos según sus propios deseos. Este comportamiento, comenta el filósofo, contiene un paradigma tecnológico más alto que el de uso corriente: la verdadera técnica comienza sólo cuando el hombre es capaz de oponerse al automatismo ciego y hostil de las máquinas y aprende a desplazarlas hacia territorios y usos imprevistos; como aquel muchacho que en una calle de Capri había transformado un motorcito roto de motocicleta en un aparato para hacer crema batida.
De algún modo, aquí el motorcito continúa girando, pero con vistas a nuevos deseos y nuevas necesidades; la inoperosidad no se deja a sí misma, sino que deviene el pasaje o el “ábrete sésamo” de un nuevo uso posible.

viernes, 26 de junio de 2015

Fragmentos de Molloy, de Samuel Beckett

Revisando mi libreta de anotaciones encontré unos breves fragmentos que copié de Molloy, de S. Beckett. El año pasado tuve la fortuna de leer ese libro y también Malone muere; me queda pendiente El innombrable. A continuación transcribo algunos de esos fragmentos.

Sé lo que saben las palabras y las cosas muertas, y todo ello forma una pequeña y bonita suma, con un comienzo, una mitad y un final, como en las frases bien construidas y en la larga sonata de los cadáveres.

Voy a advertiros de una cosa: cuando las asistentes sociales os ofrecen graciosamente una basofia como para ni mirarla, lo cual en ellas constituye una obsesión, es inútil mostrarse recalcitrante. Os perseguirán hasta los confines de la Tierra blandiendo su vomitivo. Las del Ejército de Salvación no están mucho mejor. No, realmente no conozco defensa alguna contra el gesto caritativo. Hay que inclinar la cabeza, tendiendo las manos confusas y temblorosas, y decir gracias, señora; muchas gracias, buena señora. El que no tiene nada no tiene derecho a despreciar la mierda.

Quizá tenía miedo de que saliera corriendo en su persecución. Efectivamente, hay algo inquietante en mi forma de correr, con la cabeza echada hacia atrás, los dientes apretados, los codos doblados al máximo y las rodillas casi pegadas al rostro. Y a esa forma de correr debo el haber dado alcance a menudo a personas más ágiles que yo. Prefieren detenerse y esperarme a prolongar a sus espaldas tan pavoroso espectáculo.

Pero había momentos en que me parecía que ya no estaba muy lejos, que me acercaba como la playa se acerca a la ola que se infla y blanquea, aunque debo decir que esta imagen resulta poco apropiada para mi situación, más cercana a la de la mierda que espera ser barrida por el agua de la manguera.

miércoles, 15 de abril de 2015

domingo, 7 de diciembre de 2014

lunes, 20 de octubre de 2014

Presentación en Buenos Aires de “Alcohol para después de quemar”


















El jueves 23 de octubre a las 21.30 h se van a presentar en la ciudad de Buenos Aires los libros de poesía Ciento cincuenta gramos, de Carlos Martín Eguía, y Alcohol para después de quemar, mi último trabajo. Sobre el libro de Eguía hablará Carlos Battilana y sobre el mío hará lo propio Rosario Bléfari. También participarán Patricio Grinberg y Mauro Lo Coco, editores de Zindo & Gafuri. La cita es en Vivaldi Libros Bar, Santiago del Estero 1098.
Los invito a todos muy especialmente.

martes, 7 de octubre de 2014

Fotos de la presentación de Alcohol para después de quemar

  Mauro Lo Coco y Patricio Grinberg
 
  Patricio Grinberg y Rosario Bléfari
 
 Eduardo Rezzano y Rosario Bléfari

 Eduardo Rezzano, Rosario Bléfari y Patricio Grinberg
 
 Eduardo Rezzano

Mauro Lo Coco y Eduardo Rezzano

Eduardo Rezzano y Rosario Bléfari

martes, 30 de septiembre de 2014

Presentación en La Plata de "Alcohol para después de quemar"

El sábado 4 de octubre a las 20 h se presentarán en la librería Malisia (diag. 78 Nº 506, esq. 6 y 59) los libros de poesía Alcohol para después de quemar, de mi autoría, y Ciento cincuenta gramos, de Carlos Martín Eguía. Mi libro, una reedición renovada y ampliada del homónimo que fuera publicado en Chile en 2012, será presentado por Rosario Bléfari. Además estarán presentes Carlos Battilana, que se referirá al libro de Eguía, y Patricio Grinberg y Mauro Lo Coco, responsables de la editorial Zindo & Gafuri.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ciclo Alrededor. Museo del Libro y de la Lengua

El jueves 4 de septiembre leeré poesía en el ciclo Alrededor, que coordina Rosario Bléfari en el Museo del Libro y de La Lengua. Van a tocar Rosario y Envidia (Marcelo Moreyra), y Daniela Zahra proyectará sus imágenes.

lunes, 28 de julio de 2014

Escaleras

Los que hemos vivido
una temporada en la casa
de la calle Thames
difícilmente no guardemos
el recuerdo de haber rodado
por la escalera de entrada

Distinto ocurría en la casa
de la calle Regomir
también con escalera blanca
de mármol gastado
pero más tolerante con
los que acostumbramos saltar
de a dos o tres escalones

Dicen que la diseñó
un ingeniero de Shanghái
que había llegado a Barcelona
en una misión diplomática

El historiador catalán Alejandro Oliver
dedica uno o dos párrafos a las raras
habilidades del artista chino
para el cálculo y la proporción

ER

domingo, 2 de febrero de 2014

Mi página web

Amigos, los invito a visitar mi página web. Aprovecho para saludarlos muy afectuosamente.

eduardorezzano.wix.com/eduardorezzano

Primeras líneas de la novela "Molloy", de Samuel Beckett

Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega. Me da un poco de dinero y se lleva los papeles. Tantos papeles, tanto dinero. Sí, ahora vuelvo a trabajar, un poco como antes, sólo que ya no me acuerdo de cómo se trabaja. Tampoco parece que eso tenga mucha importancia. A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Vodevil Ambulante. 15/09/13


Violetas de los Alpes


















Llegué a pensar que las violetas de los Alpes eran plantas migratorias que se echarían a volar, con macetas y todo, con la llegada de los primeros calores. Pero los primeros calores son siempre una avanzada destinada a perecer bajo el fuego enemigo. Persistirá el invierno unos días más, haciendo uso de un derecho que no me animo a discutir.

ER

lunes, 19 de agosto de 2013

Algunos poemas de Caligrafía (Madrid, Amargord —colección Transatlántica—, 2013)



cuerpos

El dedo acusador espera
olvidado-amputado
en el marco de la puerta
sujeto por la puerta cerrada

En la intimidad del cuarto
la acción transcurre
con la intensidad habitual
los cuerpos se mezclan
y dejan huellas

un camino de baba
por paredes y techo

cristales en el piso
sangre
y una silla incrustada
a la altura del tórax


Brasil

Si dijera que
nací en Brasil

los que me conocen
se apurarían a
desmentirlo

Por eso digo
que vengo del fondo
del mar

que germiné
en el casco de un galeón
hundido hace dos siglos

que fui amado
por los ocho tentáculos
de un pulpo antropofílico

que fui devorado
por un tiburón y
que volví a nacer
pero tardíamente

con los días contados
y la mirada perdida
en un punto difuso

que ahora se acerca
ahora se aleja


Despeñadero

En la memoria guardo
apenas tres sonidos

el canto de un pájaro
sin nombre
una campana que toca
a muerto y
el mar contra las piedras

A partir de esta pequeña música
trato de reconstruir algunas voces

pero es inútil
la música me conduce al silencio

cada mañana
cada atardecer


La edad del helecho

Lo llamaron primero
a los gritos después
en un murmullo

Contestó con muecas
saltando haciendo
el tonto

Volvieron a llamarlo
con voz marcial
después glaciar

y cayó de rodillas
caminó de rodillas

rumbo al sol que se ponía
que auguraba no sé qué tormenta
qué clase de tragedia familiar

Despertó
y convocó a sus discípulos
alrededor de su cama postrera

pero sus discípulos
lo habían abandonado
y estaba preso y enfermo
en una cárcel del Perú

Despertó otra vez
y yacía tendido boca
abajo en
un claro en la selva

su cuerpo irreparable
era un cosquilleo
de hormigas

un tumulto de marabunta
asesina

la turbamulta reclamando
derechos

—derecho a no enterrar a los muertos
a poner de cabeza a todos los santos
a la vida después de la muerte


Los perros

Los perros en jauría
rodean la casa

no piden ni exigen
toman esto y aquello

Rodean la casa
pero la casa está vacía
y la ciudad abandonada

El mar devuelve
sobre la costa detritos
y formas inacabadas

lo que no pudimos
llevarnos
lo que preferimos
olvidar


ER