lunes, 29 de febrero de 2016

Paula

Una gata llamada Paula Rostova nos visita dos veces al día: a la mañana bien temprano y al anochecer —prefiere no encontrarse con los albañiles, piezas clave de una construcción cuyo comienzo no recordamos—. El invierno pasado nos entretuvo con historias de la Guerra Fría y ahora empezó a leernos los cuentos de Chéjov, su favorito; no habla castellano, pero su ruso es claro como la nieve que cubre los abetos.
Nunca quiso quedarse a dormir; es más, creemos que no duerme. Un día nos tocará a nosotros cuidarla a ella —como se cuida a un hijo, como se cuida a una madre.
ER

1 comentario:

Caro Soler dijo...

<3 Paulita Rostova