martes, 14 de octubre de 2014

Buenos muchachos

Nos juntábamos en la terraza de La Española con Julito de Caro, Marquitos Aguinaga, el Chino Epeloa, Chicho de la Serna... Éramos una banda que metía miedo, pero no matábamos una mosca.
Esa vez se presentaba una editorial nueva que llegaba no sé con qué aires de renovación. Julito encaró enseguida para el lado de los canapés y los sánguches de miga y organizó su lanzadera de misiles, y Chicho, actor de raza, se ubicó cerca de la barra para ensayar su habitual e irritante numerito, repetido pero eficaz. Los mozos cerraron filas y se dispusieron en su ya clásica formación “pinza de cangrejo”, nos acorralaron y no tardaron en echarnos a la calle, como casi siempre.
A la mañana me di cuenta de que tenía un dedo luxado; por esos días preparaba un concierto con un repertorio que me resultaba especialmente difícil, y estaba tocando cada día peor.
Ésta es una historia verdadera, pero no recuerdo ningún detalle que la pueda hacer verosímil.

ER

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